Debajo de ese tejado comencé a ver alas y
desde entonces no he dejado de mirar al cielo
por Irene Verdejo

La etimología de “tejido”, “texto” y “textura” proviene de la misma raíz latina “texere”, que significa: tejer, entrelazar o trenzar; y es en ese origen donde se enhebra mi práctica. Concibo el acto de tejer y de escribir como un único gesto que nace de un pensar con las manos.
Mi proyecto explora cómo la sombra, la protección y la vulnerabilidad pueden hacerse visibles a través de gestos que invitan al cuerpo a relacionarse de otro modo con el espacio. Para ello, transformo objetos cotidianos en dispositivos que activan vínculos afectivos y generan momentos de encuentro. Cuando estas estructuras se despliegan, se convierten en superficies abiertas, como textos porosos que no buscan ser interpretados, sino habitados. Son tramas que se recorren con calma, que se respiran, y que permiten que el cuerpo encuentre un ritmo propio dentro de ellas. Propongo un espacio donde la experiencia se despliega como un tejido compartido, siempre en proceso, siempre por hacer.

Texto curatorial de Carlos Tuñón
el título que da nombre a la exposición de Irene Verdejo
está sacado de una nota al pie
algo escrito en uno de sus diarios de proceso
donde Irene indica cosas donde hay espacios
una invitación a mirar
como toda la obra recogida aquí
piezas que hay que rodear
que requieren de un gesto físico para desvelar lo oculto en ellas
donde se evidencia lo que no hay
un paisaje que tiene que ser transitado la relación con el origen
Irene habla como escribe pasando por las cosas sin prisa
y nos propone esto
una mirada lenta
otra mecánica de relación para que aparezca lo improbable
algo imprevisto arriba
como notas al pie de un diario de trabajo
palabras escondidas en las tejas
agacharse para encontrar algo que está arriba
mirar al techo como quien mira el cielo
sus obras son artefactos relacionales
provocan una conversación
piden ser descubiertas
reveladas
desveladas
y te proponemos lo mismo
acercarte a la obra de Irene Verdejo como ella mira
como ella escribe
que planees a través de su obra entre los espacios que deja
que te acerques a su obra como si fueras parte de las comunidades icarianas de Étienne Cabet
que mires la luz de cerca
la sombra que produce el objeto
que te escondas debajo
que mires arriba
que sientas esto como parte de un diario personal
una conversación abierta con Irene
para que ocurra un encuentro vívido
y que hagas
si quieres
el
gesto
físico
de
agacharte
como hiciera su abuelo José María que a sus 82 años se levantaba temprano, diariamente, para trasladarse del pueblo al campo y darle de comer a las gallinas y recoger sarmientos y cuidar la casa
él se agachaba como se agacha Irene para hacer su obra
como te pedimos que te agaches tú para que seas parte del paisaje y del territorio
esta exposición pudo llamarse umbrías compartidas
porque hay una historia de la luz pero no una historia de la sombra
porque hay algo de compartir el cobijo y el descanso
de nuevo una llamada a la comunidad
a que la obra sea vivida y transitada
también pudo llamarse sembré sudor, cansancio
de nuevo el pasado haciéndose presente
la acción
el movimiento continuo
el acompañarse bajo un Sol de justicia
y éste es el gesto
convertir un museo en un campo
no traer el campo a la ciudad
sino que el campo sea la ciudad
que el campo sea el museo
dice Irene
la sombra marca el tiempo, el Sol sale todos los días, indefinidamente
me agacho, me levanto, me agacho, me levanto
transporto, dejo, cojo, suelto
sudo, me canso
la sombra como el lugar del afecto
el espacio para pensar y compartirse
buscar la sombra para aparecer en lugar de para ocultarse
Arnold Van Genep en sus ritos de paso habla del tiempo para cultivar y el tiempo para interrumpir las labores
para recogerse
el tiempo de la alegría
así me gusta pensar en Irene mientras trabaja
lentamente y con alegría
agachándose como su abuelo Jose María
y mirando arriba como Ícaro
plumas escondidas bajo los tejados
Irene Verdejo nos plantea este tiempo compartido
para pasear haciendo curvas
acercarnos a la luz
observar la sombra
y quizás descubrir lo oculto
Tanizaki en su Elogio de la sombra nos regala una vieja canción
como una nota al pie de un diario de Irene
donde realza la belleza de los espacios aparentemente insignificantes
que dice así
ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
¿Cómo fué tu paso por la residencia en Alcaraz?
Fueron días muy intensos, donde se respiraba una energía especial contagiada por el propio lugar lleno de vida. El tiempo allí pasaba de manera distinta [...]
Alumbra ha marcado un punto importante en mi carrera como artista en el sentido de expandir y experimentar con aquello que se iba presentando. Escuchar a mi cuerpo y cederme a la incertidumbre.
Nací en Valdepeñas, lugar donde me he criado y crecido hasta los 18 años. Los veranos de mi infancia han sido profundamente marcados por las exploraciones que realizaba en el campo de mi familia. Es ahí donde empiezo a interesarme por el entorno y, a modo de juego, generaba objetos que respondían a ese paisaje seco, caluroso y llano, sin mayor pretensión que buscar sombra o proteger mis ojos del sol.
Mi trabajo artístico se vincula directamente con estas vivencias y profundiza en los procesos de trabajo que ocurren en este entorno manchego. Con ello exploro la importancia de ahondar en los vínculos que trazamos tanto con el paisaje, como con otras personas y nosotros mismos. Expongo una tensión interna y relacional a través de elementos visuales táctiles y sonoros, ofreciendo una mirada íntima hacia la complejidad de las relaciones humanas a raíz de la lucha por la comunicación y la comprensión mutua.
Actualmente acabo de terminar la carrera de Bellas Artes, habiendo participado en diferentes exposiciones como la del PosPostalero, en Lavadero y Fuente Abierta, en Caja Granada, también habiendo comisariado la exposición de A la Calle 2024, así como participado en la coordinación de la Red de espacios Creativos Lateral. He tenido el placer de trabajar en el área de recursos gráficos de La Madraza y recientemente he sido seleccionada como coordinadora de la residencia AlRaso 2025.
Irene Verdejo


Carlos Tuñón (Sevilla, 1985) es creador escénico, docente y asesor; está formado en el sector audiovisual, teatral y literario entre Sevilla y Madrid. Fundador y director artístico de [los números imaginarios] compañía de creación, formación y asesoría escénica que investiga desde 2013 en torno a cuatro conceptos: colectivo + encuentro + repertorio + tiempo. La compañía está especializada en generar dispositivos escénicos donde el público está en el centro de la experiencia. Asociada a la sala El Umbral de Primavera de Madrid desde 2016, al Festival Clásicos en Alcalá de 2017 a 2019, al Teatro de La Abadía de 2019 a 2021 y al Corral de Comedias de Alcalá de Henares en la temporada 2021-2022. Residentes en NAVEL desde 2022.
Desde 2013 ha dirigido numerosos montajes para su propia compañía y para otras, presentados en teatros y festivales de gran relevancia como el Festival de Otoño, Fira Tárrega, La Abadía, Teatros del Canal, Almagro u Olite. Su trabajo incluye títulos como La cena del rey Baltasar, Hamlet entre todos, LEAR (desaparecer) o La vida es sueño [el auto sacramental], así como obras para terceros como Un roble, Sea Wall o 7 pudelek, premiada en 2025. También ha sido asesor de dirección y dramaturgia para diversas compañías y ha acompañado procesos creativos en espacios como El Umbral de Primavera.
Como docente ha impartido cursos y talleres en instituciones como La Abadía, Pavón Kamikaze, RESAD, ESAD de Cuenca, AISGE o el Máster de Creación Teatral de la UC3M. Ha participado como ponente en congresos y encuentros sobre nuevos formatos escénicos, gestión cultural y teatro clásico, formó parte de la Comisión Artística del Corral de Comedias de Alcalá y coordina proyectos de mediación y creación en el programa ALUMBRA. En audiovisual desarrolla proyectos duracionales como Los 15, SUMMERLAND y 21 acciones para el siglo XXI, concebidos para prolongarse durante décadas.














