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Gesto heredado

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por Lourdes M. ª Castillo

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A través de mi obra intento siempre rescatar y dar presencia a aquello que ya no está, lo que fue o lo que, de forma silenciosa, se desvanece. Mi creación se convierte en un acto de memoria y de resistencia frente al olvido. Para ello, recurro a las técnicas heredadas de mis mayores, conocimientos transmitidos de generación en generación, como un hilo invisible que me une a quienes me precedieron. Repito los mismos gestos que tantas veces ejecutaron sus manos sabias y, en esa repetición, se encarnan los ecos de sus vidas. En cada puntada, en cada forma, capturo las siluetas de las personas que me habitan, que me conforman y que siguen hablando a través de mi hacer. Así, el acto de crear se transforma en un espacio íntimo y sagrado donde el pasado dialoga con el presente.

Me gusta construir mis propios bastidores y fabricar algunas de las herramientas con las que trabajo. Siento que, de otro modo, la obra no me pertenecería por completo, como si una parte esencial de su esencia quedara ajena a mí. Hay en ese proceso una entrega especial a cada proyecto, un vínculo íntimo con la materia desde su origen. Me emociona observar cómo la obra emerge desde la nada, desde la idea, cómo toma forma poco a poco hasta alcanzar su estado final, tal como sucede con todos los seres y las cosas del mundo: antes no estaban, y ahora están. Han sido creadas, han cobrado existencia y, en ese gesto de traerlas al mundo, también yo me transformo continuamente.

Texto curatorial de Teresa Ases y Carlos I. Faura

“L“Tradition is the handing on of the flame and not the worship of the ashes.”
"La tradición es transmitir la llama, no adorar las cenizas."
Ernst Gombrich


En el arte contemporáneo, rescatar técnicas ancestrales no es un gesto nostálgico, sino un acto de resistencia cultural. La preservación de saberes en riesgo, aquellos que habitan en manos concretas, en personas que transmiten sin manuales, abre una línea de trabajo en el que la juventud puede intervenir para prolongar su vida y transformarlos en lenguajes nuevos.


En Alcaraz, provincia de Albacete, está intentando sobrevivir uno de esos saberes: el nudo español, realmente el nudo de Alcaraz, utilizado históricamente para la confección de alfombras y tapices. Hoy, esta técnica está en peligro de desaparecer. Apenas unas personas la dominan, y entre ellas se encuentra Trinidad última maestra artesana y su hija, cuya labor es un ejercicio de memoria oral y de preservación del valor social de la artesanía. Durante la residencia artística de Alumbra Rural en septiembre de 2024, una charla de Trinidad fue el detonante para que Lourdes Mª Castillo incorporara esta técnica sobre el
telar a su práctica. No fue una mera lección técnica: fue la apertura a un universo de gestos heredados, transmitidos de generación en generación, que se están desvaneciendo en silencio y que ella venía encarnando en sus trabajos anteriores. Lourdes decide trabajar con ellos desde la contemporaneidad, fabricando sus propios bastidores y herramientas, y creando piezas que son a la vez objetos artísticos y archivo de un patrimonio amenazado.

“A través de mi obra intento siempre rescatar y dar presencia a aquello que ya no está, lo que fue o lo que, de forma silenciosa, se desvanece… Repito los mismos gestos que tantas veces ejecutaron sus manos sabias y, en esa repetición, se encarnan los ecos de sus vidas",
Lourdes Mª Castillo.

Su trabajo no busca reproducir la técnica de forma literal, sino reactivarla como lenguaje contemporáneo, incorporando símbolos y estéticas propias de su generación. Así, el nudo de Alcaraz se muestra a públicos contemporáneos, evidenciando que la juventud no solo puede replicar los gestos del pasado, sino dotarlos de nuevos significados.


Esta línea de trabajo conecta con prácticas internacionales de artistas que fusionan técnicas manuales ancestrales con lenguajes contemporáneos. Entre ellas destaca Leonor Serrano
Rivas, cuya obra sitúa el textil dentro de instalaciones que resignifican el hacer manual como dispositivo crítico y artesano. Al igual que Lourdes, Serrano Rivas desplaza la técnica de su contexto tradicional, ampliando su capacidad narrativa y su potencial político.


La oralidad y la fotografía complementan la práctica manual del textil: los relatos de sus abuelos, las conversaciones con mujeres mayores del pueblo y los álbumes familiares compartidos se convierten en archivo. El pueblo no es un mero escenario, sino un agente cultural que sostiene y actualiza la memoria contemporánea.


En la propuesta de Gesto heredado se muestra una práctica que sostiene el patrimonio inmaterial, pero también una experiencia de conexión personal. Al mirar la obra de Lourdes, inevitablemente nos vemos reflejados: recordamos a nuestros abuelos, nuestras familias, gestos y escenas que creíamos olvidadas. En una sociedad acelerada y distante, su trabajo nos reúne en torno a lo cotidiano, devolviéndonos a nuestro yo más cercano. Aquí lo
personal y lo colectivo conversan, demostrando que estos gestos heredados como el nudo de Alcaraz no se pierden, sino que sigan tejiendo memoria en el presente y proyectándose hacia el futuro.
 

¿Cómo fue tu paso por la residencia en Alcaraz?

Nunca había participado en una residencia artística y sin duda puedo decir que ha sido una experiencia que llevaré conmigo a lo largo de mi trayectoria artística,  no solo por lo aprendido de los profesionales que nos asesoraron, sino por lo aprendido de mis compañeros.

Nací y crecí en Miguelturra, un pueblo cercano a la capital de la provincia de Ciudad Real, donde fui criada por mi abuela y mi madre. A los 18 años emigré a Granada para estudiar Bellas Artes, lo que siempre había sido una ilusión para mí, y donde sigo hoy en día.

Trabajo principalmente con tejidos, he trasladado este mismo material a diferentes soportes, fruto de una investigación por conocer los comportamientos de este y poder sacarle el mayor partido posible. El arte para mi es una forma de terapia, un medio por el cual expresar lo que, de otro modo, es difícil exteriorizar, de volver a la niñez, cuando las mujeres de mi casa nos reuníamos para las “labores”. Trabajo mayormente con la creación de personajes en tela, estos ponen de manifiesto miedos, sensaciones y realidades que me han o me siguen invadiendo. Recuerdo cuando aún era una niña, mi madre, mi pilar fundamental durante mi infancia, cayó en una depresión fruto de una situación de maltrato. Y recuerdo también que, fue durante esa época cuando más cosí, todas las tardes hacía algún muñeco, con botones por ojos, para regalárselo a mi madre, con la esperanza de que eso la animase.

Hago todas mis obras a mano, elijo el material, hago un estudio de la forma y posteriormente un patronado que me ayuda con el proceso del corte de la tela, la cual coso a mano o máquina. Es en este proceso donde se encuentra ese componente “terapéutico”, en la realización de una acción repetitiva y mecánica como es la costura. A lo largo de mi corta carrera como artista textil, he sido cuestionada en numerosas ocasiones, poniendo en duda mi obra y su cabida dentro del mundo del arte, tachándolo de artesanía como si eso fuera algo negativo.

Lourdes M. ª Castillo

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