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“Debajo del tejado comencé a ver alas y desde entonces no he dejado de mirar al cielo” de Irene Verdejo

  • Carlos Tuñón
  • 1 abr
  • 3 Min. de lectura

el título que da nombre a la exposición de Irene Verdejo 

está sacado de una nota al pie 

algo escrito en uno de sus diarios de proceso 

donde Irene indica cosas donde hay espacios 

una invitación a mirar

como toda la obra recogida aquí 

piezas que hay que rodear 

que requieren de un gesto físico para desvelar lo oculto en ellas

donde se evidencia lo que no hay

un paisaje que tiene que ser transitado la relación con el origen 

Irene habla como escribe pasando por las cosas sin prisa

y nos propone esto

una mirada lenta

otra mecánica de relación para que aparezca lo improbable 

algo imprevisto arriba

como notas al pie de un diario de trabajo

palabras escondidas en las tejas

agacharse para encontrar algo que está arriba

mirar al techo como quien mira el cielo


sus obras son artefactos relacionales

provocan una conversación

piden ser descubiertas

reveladas

desveladas

y te proponemos lo mismo

acercarte a la obra de Irene Verdejo como ella mira 

como ella escribe

que planees a través de su obra entre los espacios que deja

que te acerques a su obra como si fueras parte de las comunidades icarianas de Étienne Cabet 

que mires la luz de cerca

la sombra que produce el objeto

que te escondas debajo

que mires arriba

que sientas esto como parte de un diario personal 

una conversación abierta con Irene

para que ocurra un encuentro vívido

y que hagas

si quieres

el 

gesto 

físico 

de 

agacharte 


como hiciera su abuelo José María que a sus 82 años se levantaba temprano, diariamente, para trasladarse del pueblo al campo y darle de comer a las gallinas y recoger sarmientos y cuidar la casa

él se agachaba como se agacha Irene para hacer su obra 

como te pedimos que te agaches tú para que seas parte del paisaje y del territorio


esta exposición pudo llamarse umbrías compartidas 

porque hay una historia de la luz pero no una historia de la sombra

porque hay algo de compartir el cobijo y el descanso

de nuevo una llamada a la comunidad

a que la obra sea vivida y transitada


también pudo llamarse sembré sudor, cansancio 

de nuevo el pasado haciéndose presente 

la acción 

el movimiento continuo 

el acompañarse bajo un Sol de justicia

y éste es el gesto 

convertir un museo en un campo

no traer el campo a la ciudad

sino que el campo sea la ciudad 

que el campo sea el museo


dice Irene

la sombra marca el tiempo, el Sol sale todos los días, indefinidamente

me agacho, me levanto, me agacho, me levanto

transporto, dejo, cojo, suelto 

sudo, me canso



la sombra como el lugar del afecto

el espacio para pensar y compartirse

buscar la sombra para aparecer en lugar de para ocultarse

Arnold Van Genep en sus ritos de paso habla del tiempo para cultivar y el tiempo para interrumpir las labores

para recogerse

el tiempo de la alegría

así me gusta pensar en Irene mientras trabaja

lentamente y con alegría

agachándose como su abuelo Jose María 

y mirando arriba como Ícaro

plumas escondidas bajo los tejados

Irene Verdejo nos plantea este tiempo compartido 

para pasear haciendo curvas

acercarnos a la luz

observar la sombra 

y quizás descubrir lo oculto


Tanizaki en su Elogio de la sombra nos regala una vieja canción 

como una nota al pie de un diario de Irene

donde realza la belleza de los espacios aparentemente insignificantes

que dice así

ramajes

reunidlos y anudadlos

una choza

desatadlos

la llanura de nuevo


Carlos Tuñón, comisario y dramaturgo




 
 
 

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