"Desde los ojos de un conejo" de Juan Carlos Prieto
- Alumbra Rural
- 17 feb
- 2 Min. de lectura
La fotografía siempre ha sido una herramienta útil para la pintura. Algunos pintores del realismo se sirvieron de ella en sus primeros compases para facilitarse el trabajo: la traslación de las tres a las dos dimensiones ya venía dada por esa imagen mecánica de la fotografía. El impresionismo también quedó fascinado con los procesos ópticos y químicos del aparato, queriendo ellos ser herramientas precisas al servicio de la percepción del color, alcanzando aquello que la fotografía aún no había logrado. A partir de ahí, la fotografía ha servido a los artistas de todo tiempo, destacando a los hiperrealistas como Richard Estes o cualquier pintor que, interesado en pintar la realidad visible, ha hecho uso de la imagen fotográfica para sus intereses.
Juan Carlos Prieto utiliza una fotografía muy especial: aquella que ha encontrado en su casa familiar del pueblo, de la España vaciada donde muchos de nosotros hemos pasado nuestros veranos. La familia, la pandilla, las meriendas junto al río, el burro del tío, los juegos en la plaza, las horas infinitas mirando el cielo, esperando que pasara algo o que no pasara nada. Los registros familiares han quedado en álbumes guardados en cajones, en latas de galletas y en portarretratos sobre el televisor. Son esas fotografías en blanco y negro las que Juan Carlos recupera para mostrarnos una época que es la de nuestros padres y abuelos, una memoria que nos provoca ese sentimiento de nostalgia tan confuso, en ocasiones agradable.
El gesto pictórico que utiliza para traerlo a esta exposición es vibrante, desdibujada, queriendo así mostrar lo esquiva que es la memoria, lo poco precisos que son nuestros recuerdos de la infancia. Desde los ojos de un conejo es una exposición que apela a nuestra memoria compartida, porque todos podríamos reconocer, en esas pinturas, los rostros de alguien a quien echamos de menos.
Daniel Silvo, comisario de la exposición.











