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“Entre las formas de lo ausente” de Aurora Rodríguez

  • comunicacion5685
  • hace 15 horas
  • 4 Min. de lectura

Entre las formas de lo ausente es un proyecto fotográfico de Aurora Rodríguez,  que parte de una reflexión personal en torno al éxodo rural de las últimas décadas en la localidad de Peñarrubia (Albacete) y sus implicaciones socioculturales. El proyecto habita los dos lavaderos públicos del municipio albaceteño, (el de la Teja y el de los Cuartos) donde el agua siempre ha sido un recurso vital para las tareas domésticas y el cuidado del campo y del ganado. Se trata de dos espacios marcados por la vida comunitaria del pueblo; dos puntos de encuentro fundamentales, que ahora vuelven a serlo y se nos aparecen como observatorios desde los que acercarnos a dos series fotográficas que nos hablan de su propio entorno, como refugios donde compartir una experiencia íntima y  común, que revitalice estas dos formas de lo ausente. 


La relación de Aurora con los contextos que habita no se alinea con la dicotomía  moderna “figura-fondo” que relega al “paisaje” a un segundo plano. Por el  contrario, la artista desarrolla una voluntad por tomar consciencia de un paisaje actor, compuesto por una diversidad de agentes humanos y no humanos que se co-producen constantemente. Así, Aurora Rodríguez pierde a menudo la línea del horizonte (paisaje óptico) para trabajar con un suelo que toma cuerpo (paisaje háptico), baja la mirada hacia las cosas que acontecen cerca del ojo y de la tierra, atraída precisamente por cómo éstas pasan desapercibidas. 


El interés por la cotidianidad en el trabajo de Aurora se articula desde la actitud de la “flâneure” deambulando entre las calles del pueblo sin un rumbo fijo y haciendo un alto en el camino cuando sencillamente algo llama su atención, parándose unas veces a mirar, otras a charlar largo y tendido con alguien, otras a fotografiar. Se trata de un proceso que pone en valor las mecánicas lentas de percepción, que se enfrenta a los modos en que habitualmente consumimos y reproducimos imágenes, y que vinculado a un entorno como el de Peñarrubia implica una toma de consciencia sobre otros modos de relacionarnos con nuestro entorno, quizá más orgánicos, más sensibles.  



El común denominador de las imágenes que Aurora nos ofrece en este proyecto, está en su incansable voluntad de sentir cerca lo que se encuentra lejos, percibir el calor de lo que ya está frío, alcanzar a ver lo que ahora no está ahí. Acercarse a las ramas podadas de un árbol hasta dejar de oír los ruidos del entorno e imaginar innumerables relaciones que implican al árbol, a la tijera, al hombre o mujer que la sostenía, al sol que ahora da donde antes no…


La exposición recoge imágenes donde lo que denominamos “cultural” y “natural” son  categorías insuficientes. Las formas de lo ausente que registra Aurora se conforman a partir de multitud de agentes que componen un ecosistema, donde las piernas de una vecina dialogan con la rosa blanca de un jardín, una pila de sacos de cemento y las huellas de una camioneta sobre la tierra. Aurora se sabe consciente de la habitual romantización del entorno rural, de cómo el tercer paisaje irrumpe con normalidad en su pueblo a través de obras inacabadas  y espacios liminales, de la importancia que tiene la memoria compartida en un espacio físico, de la inconmensurable luz que atraviesan los olivares en verano. Se sabe consciente de todo ello, y son escenarios que cohabitan. Este difícil ejercicio de des-jerarquización donde entidades de muy diversas naturalezas se entrecruzan, da cuenta de una voluntad por reanimar las imágenes como testigos de acontecimientos donde personas concretas intervienen de formas tan plurales como silentes


En palabras de Andrea Soto Calderón “las imágenes son acontecimientos dentro del campo visual” y es que, en este proyecto expositivo, Aurora Rodríguez reconoce su función artística como la de una observadora sensible que se para a redescubrir lo que ya está ahí, sucediendo junto a ella, sin necesidad de mayor intervención que la de su cámara. Desecha así la necesidad de una producción material y objetual, en pro de cuidar a la imagen como registro espectral de las realidades que aquí acontecen en silencio.


Es importante recordar aquí que el trabajo desde la fotografía no ha de presuponer una mayor distancia “sujeto-objeto” en comparación con otros lenguajes. Habitualmente cuando miramos una imagen decimos “enfrentarnos a la imagen”, nos situamos frente a ella. La mirada de Aurora, sin embargo, tiene la voluntad de intentar colocarnos “entre” las imágenes, de hacernos partícipes de sus escenas. En uno de los lavaderos, de hecho, descubrimos una composición orgánica de fotos que se entremezclan con dos vanos rectangulares del mismo tamaño en la pared del lavadero, suscitando un juego en la mirada 

del espectador/a que relacione a la ventana con la fotografía, el espacio físico con el espacio representado; con la voluntad de hacer notar la porosidad y performatividad que debemos defender en la relación de la imagen con su contexto.


La mirada poética de Aurora Rodríguez se alimenta así de todas esas cosas invisibles que forman el procomún de nuestro entorno y que se ocultan entre las formas de lo ausente. Aurora mira allí donde sólo su cámara puede devolvernos el leve rastro de un acontecimiento tan cotidiano como vital.


Mario Guixeras, comisario y artista


 
 
 

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