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“Impronta: tierra, carne y otras superficies” de Rafael Garrido

  • Foto del escritor: Alumbra Rural
    Alumbra Rural
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Yo rondaba en carne viva

por donde quiso mi suerte.

Si será grande el castigo

que hasta la sombra me duele.


En un acto devenido, nuestro cuerpo se dirige hacia el encuentro con la sala de exposiciones mientras se prepara para recibir un estímulo organizado que va a desencadenar todo el mecanismo perceptivo al mismo tiempo. Tanto es así, que lo que parece originalmente una comunicación espontánea guiada por la experiencia estética, está en efecto dirigida por la máquina total de la carne y por la guía sensorial de la piel. En este sentido, la función del organismo en la percepción de los estímulos es, por así decirlo, “concebir” cierta forma de excitación. Esto es justo lo que tiene que pasar, inevitablemente, si estamos dispuestos a ello, a dar nuestro cuerpo para que definitivamente superemos las ataduras de la cualidad sensible. En la obra de Rafael Garrido, por fin, de una vez por todas, el conjunto de trozos de carne dará habida cuenta que no existe sin referenciarse a sí mismo en su mismidad. En la lírica popular manchega encontramos al cuerpo como el recipiente del dolor, de la angustia del tiempo, de las punzadas del desamor o de las pulsiones contra la injusticia, como si existir estuviera ligado sin remedio al padecimiento, que siempre tiene que ver con lo que está fuera.




De esta manera lo condicionan los sentimientos populares, aunque consigue elevar la anécdota a categoría y sostenerse en las palabras de Merleau - Ponty cuando asegura que no puede comprender la función del cuerpo viviente más que llevándola “yo mismo a cabo y

en la medida en que yo sea un cuerpo que se eleva hacia el mundo”.


Cadena que me aprisionas,

calabozo, aquí me tienes.

Pague mi cuerpo el delito

y no padezcan mis bienes.


Esta propuesta es sin duda, una trama viviente de saberes en expansión, donde lo manual se entreteje con lo simbólico, llegando a generar un pensamiento que va a ser nómada y que se arraiga sin fijarse, expresando territorios más allá del mapa. Llegados a este punto, vamos a caminar hacia el límite del ser-otro, en tanto su capacidad de devenir, queriendo superar los límites del ambiente cultural para defender con vehemencia los atributos del arte contemporáneo como propiciador de intercambios de herencias sociales y entendimiento entre comunidades. En lo sucesivo, lo textil será referenciado como algo más que la superficie o el revestimiento, un proceso material que construye una conexión eficaz que interviene sin titubear, directamente en la relación entre el cuerpo y el espacio. En el conocimiento de Sara Coleman, los medios textiles son estructuras relacionales, transdisciplinares, que van a generar sensaciones hápticas, para lograr la activación de los estímulos organizados que hemos tomado como referencia para el estudio del cuerpo.


De esta manera y en la misma línea, hay que pensar cómo lo textil se despliega desde lo íntimo, en la piel y en lo corporal, hasta lo doméstico y lo arquitectónico, para hacer de bisagra conjunto a las experiencias simbólicas, que le son consustanciales.


Despierta si estás dormida,

tiempo tendrás de dormir,

que mientras abres los ojos

entra mayo y sale abril.


De esta manera y en la misma línea, hay que pensar cómo lo textil se despliega desde lo íntimo, en la piel y en lo corporal, hasta lo doméstico y lo arquitectónico, para hacer de bisagra conjunto a las experiencias simbólicas, que le son consustanciales.


En profundidad, la piel es un elemento que resulta clarificador si se entiende su capacidad para establecerse como testigo de paso entre lo interior y lo exterior, una realidad indispensable cuando se atraviesa el umbral de los conceptos. Es absolutamente necesario saber que no hay otro camino para conciliar el cuerpo con el territorio, más aún en su ruralidad. Entonces, la piel es el lugar donde el cuerpo se abre al mundo y en una concepción multidimensional, más allá de la función biológica, se convierte en un espacio que alberga lo existencial, lo político y lo cultural. La piel es el registro visible del abrazo entre el cuerpo y la tierra, entre el trabajo físico, la historia, la memoria y la resistencia. Además de ello, tiene que ver con un movimiento constante que podríamos definir como tensión, que enfrenta constantemente las inercias de un sistema productivo que avanza hacia el colapso total, que puede analizarse sin desvincular al sujeto de su contexto de origen.


Sucede en muchas ocasiones, sin parar, poniendo en valor las tensiones persistentes entre los binomios: tradición-modernidad, natural-artificial, existir-resistir.


Esquilones de plata,

bueyes rumbones,

esas sí que son señas,

de labradores.

Ya se está poniendo el sol,

ya dan sombra los terrones

y al bolsillo de mi amo le están entrando temblores.

Cuando corta las espigas

va cantando el segador,

el amo se lleva el trigo

y a mí hambre me dejó, !y qué grande es mi castigo!


Rubén Serrano




 
 
 

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